Entrevista a Eduard Andreu Dolcet, director comercial y de marketing de Solventa6

Durante años, la gestión energética de muchas industrias se ha centrado en reducir el consumo y conseguir un mejor precio de la electricidad. Pero el mercado energétic
o está cambiando y, con él, también deben hacerlo las decisiones de las empresas.
La penetración de las energías renovables, la volatilidad de los precios, la electrificación de procesos y el desarrollo de las baterías BESS (Battery Energy Storage Systems) están introduciendo una nueva variable: la flexibilidad.
Hablamos con Eduard Andreu Dolcet, director comercial y de marketing de Solventa6, sobre cómo está cambiando la gestión energética industrial y qué papel pueden desempeñar los sistemas de almacenamiento.
¿Cómo está cambiando el consumo energético en la industria?
Hay un cambio importante que muchas empresas todavía no han incorporado del todo: la energía ya no es solo una cuestión de cuánto consumes, sino también de cuándo consumes y de qué flexibilidad tienes para decidirlo.
La entrada masiva de renovables está haciendo que el mercado sea mucho más variable. En España, durante 2024 hubo 784 horas con precios iguales o inferiores a 0 €/MWh, 247 de las cuales registraron precios negativos. En otros momentos, en cambio, los precios pueden incrementarse considerablemente.
Además, desde el 1 de octubre de 2025, el mercado diario funciona con una resolución de 15 minutos, es decir, con 96 precios cada día.
Todo ello aporta más valor a la capacidad de una industria para adaptar el consumo, desplazar determinados procesos o almacenar energía.
Por tanto, el reto ya no es simplemente pagar menos por el kWh, sino reducir el coste energético global y, al mismo tiempo, disminuir la exposición de la empresa a una variable cada vez más volátil.
¿Por qué el autoconsumo fotovoltaico puede no ser suficiente para muchas empresas?
La fotovoltaica sigue siendo una herramienta muy potente para la industria, pero debemos cambiar la forma de valorarla.
La instalación solar produce cuando hay sol, mientras que la fábrica consume cuando necesita producir. Y estas dos curvas no siempre coinciden.
Por eso, cuando analizamos un proyecto, la pregunta no debería ser únicamente:
«¿Cuántos kWh producirá la instalación fotovoltaica?»
También deberíamos preguntarnos:
«¿Cuántos de esos kWh consumirá realmente la planta, en qué momento y qué valor económico tendrán?»
Imaginemos una industria con una instalación de 1 MWp que genera aproximadamente 1,4 GWh anuales. Si una parte significativa de esa energía se produce cuando la planta no la necesita, su valor económico puede disminuir.
El problema no es necesariamente que la fotovoltaica produzca poco. El problema es que parte de la producción puede llegar en un momento en el que tiene menos valor para la empresa.
Y aquí es donde empiezan a cobrar sentido conceptos como la flexibilidad del consumo y el almacenamiento energético.
¿Dónde entran en juego las baterías BESS?
El cambio de mentalidad consiste en entender que una batería industrial no es simplemente una batería: es un activo de flexibilidad energética.
Un sistema BESS puede aportar diferentes fuentes de valor.
Puede permitir aumentar el autoconsumo, almacenando excedentes fotovoltaicos para utilizarlos posteriormente.
También puede realizar arbitraje energético, cargándose en periodos en los que la energía tiene un coste más bajo y utilizándola cuando su coste es superior.
Otra aplicación es el peak shaving, que permite gestionar los picos de demanda y reducir determinados máximos de consumo.
También podemos utilizar el almacenamiento para realizar load shifting, es decir, desplazar consumos y adaptar mejor la demanda de la planta a las necesidades productivas y a los precios de la energía.
En determinadas configuraciones, un BESS también puede contribuir al backup o continuidad del suministro de procesos críticos ante incidencias en la red.
Y ahora se añade una nueva posibilidad: los servicios de capacidad. El mercado de capacidad español, creado en septiembre de 2026, contempla la participación del almacenamiento que cumpla los requisitos establecidos. Para nuevas inversiones en generación y almacenamiento, los periodos de prestación podrán alcanzar hasta los 15 años, según la tecnología y las condiciones que se establezcan en cada convocatoria.
La combinación de diferentes fuentes de valor —autoconsumo, arbitraje, peak shaving, flexibilidad o servicios de capacidad, entre otras— es lo que conocemos como revenue stacking o value stacking.
¿Las baterías industriales son cada vez más competitivas?
La tecnología está evolucionando muy rápidamente.
Según BloombergNEF, el precio medio de los battery packs destinados al almacenamiento estacionario descendió hasta los 70 $/kWh en 2025, un 45 % menos que en 2024.
Es importante no confundir este dato con el coste final de un BESS industrial instalado. Un proyecto real incorpora muchos otros elementos: inversores, EMS, protecciones eléctricas, sistemas de protección contra incendios, obra, ingeniería e integración con las instalaciones existentes.
Pero la evolución del coste de las baterías ayuda a explicar por qué cada vez más empresas están estudiando proyectos de almacenamiento.
¿Cuál es el error que cometen muchas empresas al valorar la instalación de baterías?
El principal error es preguntar qué batería debemos comprar antes de preguntarnos qué problema económico queremos resolver.
Una batería de 1 MW / 2 MWh puede ser una inversión interesante en una industria y no tener sentido en otra.
Uno de los errores habituales es fijarse únicamente en el autoconsumo. Si solo calculamos cuántos excedentes fotovoltaicos podemos almacenar, podemos estar dejando fuera otras fuentes de valor.
Otro error es dimensionar la batería sin analizar la curva de consumo cuartohoraria. Una factura mensual no nos explica qué está ocurriendo realmente dentro de la planta.
Tampoco podemos fijarnos únicamente en el precio de compra del BESS. Hay que considerar la degradación, los ciclos, el rendimiento, las garantías y el coste de la energía que realmente podremos desplazar durante la vida útil del sistema.
Y hay otro elemento que a veces se olvida: el contrato energético. La batería y la forma en que la empresa compra la electricidad forman parte del mismo problema.
Por último, no podemos entender un BESS únicamente como hardware. El EMS (Energy Management System), que decide cuándo cargar, cuándo descargar y qué función priorizar, es fundamental para capturar el valor económico del sistema.
En definitiva, no deberíamos comprar una batería y después buscarle aplicaciones. Primero debemos identificar las fuentes de valor y después dimensionar el activo.
¿Cómo analizáis un proyecto BESS en Solventa6?
En Solventa6 intentamos empezar justo al revés de lo que se suele hacer: primero analizamos la empresa y después analizamos la batería.
Analizamos la curva de consumo cuartohoraria, el contrato energético, las potencias, la producción fotovoltaica existente o prevista y los posibles cambios futuros de la planta: electrificación de procesos, vehículos eléctricos, ampliaciones, nuevos turnos o incrementos de producción.
A partir de ahí, construimos diferentes escenarios.
Analizamos cuánto excedente solar podemos recuperar, qué consumo podemos desplazar, qué picos podemos reducir y cómo cambian los resultados ante diferentes escenarios de precios de la energía.
Esto nos permite pasar de un análisis puramente energético a un análisis económico de la planta.
Y aquí hay una idea importante: a veces, la mejor inversión energética no es instalar una batería.
Puede ser revisar la potencia contratada, modificar la estructura de compra de la energía, cambiar los horarios de un proceso, aprovechar mejor una instalación fotovoltaica existente o combinar varias medidas.
Por eso, la pregunta final no debería ser:
«¿Qué tecnología debemos instalar?»
Sino:
«¿Qué combinación de decisiones nos permite reducir el coste energético y mejorar la cuenta de resultados de la planta?»
La energía, bien gestionada, puede convertirse en una palanca de margen, flexibilidad y resiliencia para la industria.